sábado, abril 13

Académicos de Latinoamérica subrayan que el español es su ‘sangre espiritual’

Directores de las academias de la lengua de varios países coincidieron el idioma ha forjar las identidades nacionales

El español es la «sangre espiritual» de Latinoamérica, porque ha contribuido a forjar las identidades nacionales de sus países, con lo que cualquier esfuerzo por preservar ese legado es una obligación a los dos lados del Atlántico.

Esta de una de las ideas principales en la que coincidieron este viernes los directores de las academias de la lengua de Colombia, Juan Carlos Vergara; México, Gonzalo Celorio; Ecuador, Susana Cordero de Espinosa, y España, Santiago Muñoz Machado, que preside la Asociación de Academias de la Lengua Española.

Los cuatro fueron investidos doctores honoris causa por la Universidad Internacional de la región española de La Rioja (UNIR) en un acto celebrado en el monasterio de Yuso, en la localidad de San Millán de la Cogolla, declarado patrimonio de la humanidad porque allí se encontraron los primeros testimonios escritos en español, explicó esta entidad en un comunicado.

El acto de investidura contó, entre otros, con la asistencia del presidente del Gobierno autonómico de La Rioja, Gonzalo Capellán; el presidente de UNIR, Rafael Puyol, y el embajador de Ecuador en España, Andrés Vallejo.

Gonzalo Celorio aseguró en su discurso que el español «es la lengua de la independencia» y sin ella «no se habrían configurado las identidades nacionales» porque «a diferencia del latín, no se fragmentó en lenguas neoespañolas, sino que conservó su unidad en un vasto territorio en donde sus variantes dialectales, lejos de atentar contra su unidad, enriquecieron la lengua».

«En su constante trasiego de un país a otro, las palabras, expresiones, modalidades lingüísticas y realidades referenciales propias de cada una de las obras que conforman la riquísima literatura de lengua española, han ido encontrando una comprensión, un respeto e incluso una simpatía cada vez más generales en el ámbito hispanoparlante», afirmó.

Cordero de Espinosa alució a algunos rasgos característicos en los usos del castellano de la sierra ecuatoriana, «cuya clara influencia quichua en tono, léxico y sintaxis lo vuelve más elusivo que expresivo; nuestros usos revelan interiorización, reserva, silencio, talantes significativos de caracteres madurados en siglos».

Así habló del uso que hacen de los adverbios, del abuso del diminutivo o del tono de voz, acento y ritmo del habla, que son ejemplos que acercan «parte de nuestro ser andino, de nuestra alma» a todos los invitados, y que mostraron que «nuestra América habla el español: nuestro español, nuestra sangre espiritual, hecha de tantas sangres».

El colombiano Vergara Silva se marcó el objetivo de que el español cuente con una gramática académica normativa, descriptiva y explicativa» ya que «todo esfuerzo por fomentar el estudio científico del español no es solo una tarea local o regional sino un compromiso necesario para preservar este tesoro cultural al servicio de sus usuarios y del mundo entero».

Muñoz Machado dedicó su discurso a disertar sobre los orígenes, evolución y la difusión de la lengua castellana entre las distintas circunstancias que atravesó durante el largo periodo de la Reconquista y cómo pasó de ser una lengua hablada solo entre las clases populares a convertirse en un vehículo de unificación política y legal de un territorio muy extenso.