sábado, abril 13

condición obligatoria para nuestro desarrollo

“[…] en nuestras comarcas indígenas y provincias más pobres es donde se sufre con mayor intensidad la pobreza multidimensional: en la Comarca Ngäbe Buglé (93.4 %), Comarca Guna Yala (91.4 %) y Comarca Emberá (70.8 %)”

Antes de entrar de lleno en el desarrollo del tema, dejo claro que este no será un artículo para celebrar un programa de gobierno, pues la desnutrición que afecta nuestra niñez es un grave problema de salud pública que está lejos de ser resuelto; por lo que garantizar que nuestros niños estudien sin hambre debe convertirse en una verdadera agenda _permanente_ de Estado, y no en un mero eslogan de campaña política.

Dicho lo anterior, comienzo subrayando que, en nuestro país, en medio de un modelo económico que beneficia principalmente a unos pocos, el hambre y la desnutrición son dos flagelos que causan grave retardo en el crecimiento y desarrollo físico y mental de la mayoría de los niños y niñas de nuestras comarcas y provincias más pobres, limitando su capacidad para aprender y superarse, promoviendo la deserción escolar y condenándolos sin remedio al ejercicio de trabajos mal remunerados y a la pobreza permanente. Por lo tanto, el primer desafío debe ser el desarrollo de un modelo económico que nos beneficie a todos los panameños en todos los lugares.

El claro sustento de esta aseveración la proporcionan los resultados de las dos mediciones del Índice de Pobreza Multidimensional, IPM, llevadas a cabo por expertos nacionales de reconocido prestigio. Démosles un vistazo. De acuerdo con el IPM-Panamá 2017, el 19.1 % de los panameños (777 752 personas) se encontraba en una condición de pobreza multidimensional. Es de esperar que los ingresos monetarios de esas familias panameñas no llegan a cubrir la mitad del costo calórico de la canasta básica familiar por mes. Por lo tanto, no parecen estar en capacidad de protegerse contra el hambre y, muy probablemente, la están padeciendo de forma ocasional o permanente, ocasionando desnutrición infantil en forma aguda y crónica.

El mismo estudio reveló que en nuestras comarcas indígenas y provincias más pobres es donde se sufre con mayor intensidad la pobreza multidimensional: en la Comarca Ngäbe Buglé (93.4 %), Comarca Guna Yala (91.4 %) y Comarca Emberá (70.8 %). El promedio de estos tres valores supera en 4.5 veces el valor del promedio nacional. En cuanto a las provincias, las tres con mayor porcentaje de personas en condición de pobreza multidimensional y por encima del promedio nacional, fueron Bocas del Toro (44.6 %) y Darién (40.0 %).

Más recientemente, el estudio, “Índice de Pobreza Multidimensional de Niños, Niñas y Adolescentes de Panamá 2018”, nos informa que cerca del 16 % de nuestros niños, niñas y adolescentes pobres multidimensionales carece de una alimentación variada. Esta es una condición que requiere importante atención, debido a que la alimentación saludable y equilibrada tiene un rol primordial en la salud y desarrollo de este grupo poblacional. Determina el adecuado funcionamiento del organismo, el crecimiento y la capacidad de aprendizaje, y la prevención de factores de riesgo de enfermedades.

Por otro lado, es importante destacar que, a nivel mundial, de acuerdo con la ONU, “el número de personas que padecen hambre (medido por la prevalencia de desnutrición) está aumentando. Las estimaciones actuales indican que cerca de 690 millones de personas en el mundo padecen hambre, es decir, el 8.9 por ciento de la población mundial.

Agrega la ONU que, el mundo no está bien encaminado para alcanzar el objetivo de hambre cero para 2030. Si continúan las tendencias recientes, el número de personas afectadas por el hambre superará los 840 millones de personas para 2030, por lo que es necesario actuar rápidamente para proporcionar alimentos y ayuda humanitaria a las regiones que corren más riesgos. Que, en nuestro caso, como señalé arriba, son nuestras comarcas y provincias más pobre.

Al mismo tiempo, subraya el organismo, es necesario llevar a cabo un cambio profundo en el sistema agroalimentario mundial, si queremos alimentar a las personas que padecen hambre. En ese sentido, el aumento de la productividad agrícola y la producción alimentaria sostenible son cruciales para ayudar a aliviar los riesgos del hambre.

Por nuestra parte, el Gobierno desarrolla el Plan Colmena, amparado en la Ley 115 de 2019, la cual tiene como objetivo primordial “garantizar que la población escolar panameña que asiste a los centros oficiales de educación preescolar, básica general, premedia y media, tenga acceso a una merienda diaria para complementar su dieta familiar, en beneficio del estudiante, con el fin de obtener un mejor rendimiento escolar, y contribuir al desenvolvimiento biopsicosocial del aprendizaje, el rendimiento escolar y la formación de hábitos alimenticios saludables.

Para que esta iniciativa tenga éxito, es necesario que su esencia _con el nombre que le quieran poner las nuevas autoridades_ se convierta en un referente obligatorio para el quehacer de quien triunfe en las próximas elecciones. De su efectiva implementación, junto con el aumento de la productividad agrícola y la producción alimentaria sostenible, dependerán la salud, el bienestar y el futuro de los miles de niños y niñas que habitan nuestras comarcas y provincias más pobres. Se trata pues, de un imperativo moral y ético para nuestro desarrollo integral.

Médico, exrepresentante de la Organización Mundial de la Salud (OMS).