sábado, abril 13

¿derribó Francia un avión italiano con 81 pasajeros?

En los cielos de Italia hubo un acto de guerra en tiempos de paz que violó la soberanía italiana hace 43 años. Se vieron envueltos aviones de varios países de la OTAN, un caza MIG libio y, en medio, un avión comercial de pasajeros, derribado con un misil por error. Ahora vuelve a sacudir con fuerza a la opinión pública italiana esa tragedia nacional, con implicaciones geopolíticas, que estuvo siempre rodeada de intriga, misterio, maniobras de encubrimiento y desinformación de los servicios secretos, y muy en particular de los aparatos militares. Según la tesis más probable, defendida por investigadores y personalidades de gran relieve institucional, un avión DC-9 Itavia, con 81 personas a bordo, fue derribado por un misil, lanzado por un caza francés, cuyo objetivo en realidad era derribar el avión en el que debería haber viajado el líder libio Gadafi la tarde del 27 de junio de 1980.

El DC-9, que viajaba desde Bolonia a Palermo, se estrelló en el mar Tirreno, entre Ponza y la isla de Ustica, muriendo todos los pasajeros, 81 víctimas inocentes que aún no han tenido justicia: 64 adultos, 13 niños menores de doce años y 4 miembros de la tripulación. En todos los medios se conoce como la Masacre de Ustica (‘Strage di Ustica’). En Italia, país de los misterios, este es uno de los más inquietantes.

Hay como un agujero negro que se ha tragado hechos muy relevantes, sobre todo en la segunda mitad del siglo pasado, como atentados fascistas y de las Brigadas Rojas y de la mafia. Por no hablar del intento de asesinar a Juan Pablo II el 13 de mayo de 1981 en la plaza de San Pedro o el caso de la joven Emanuela Orlandi, de 16 años, residente en el Vaticano y desaparecida sin dejar rastro el 22 de junio de 1983 en el centro de Roma. Muchos crímenes y delitos siguen en la oscuridad, sobre todo en el periodo entre los años 1968 y 1980, cuando Italia fue sacudida por los llamados «años de plomo» y la «estrategia de la tensión» con el terrorismo de extrema derecha y extrema izquierda, que mató a 300 personas y realizó casi 13.000 ataques terroristas.

Sin responsables últimos

En ese abismo, que supone la cancelación de un pedazo de la historia italiana, cayó también el DC-9 de Itavia, sin que aún se conozcan los responsables de la tragedia. De forma inesperada, el ex primer ministro Giuliano Amato, de 85 años –varias veces ministro en gobiernos de centro izquierda, presidente emérito del Tribunal Constitucional y respetada figura con más de cuarenta años de experiencia dentro de las instituciones– ha relanzado el caso para llegar a la verdad. «Ha llegado el momento de poner luz a un terrible secreto de Estado o, mejor dicho, a un secreto de Estados. Podría hacerlo el presidente francés Macron, aunque por edad está muy lejos de aquella tragedia. Y podría hacerlo la OTAN, que en todos estos años ha ocultado tenazmente lo que pasó en los cielos italianos».

En una entrevista en ‘La Repubblica’, Giuliano Amato hace esta reconstrucción de los hechos: «La versión más creíble es la de la responsabilidad de la Fuerza Aérea francesa, con la complicidad de los estadounidenses y de quienes participaron en la guerra aérea en nuestros cielos la tarde de aquel 27 de junio. Querían matar a Gadafi, en un vuelo de un MIG de su fuerza aérea. Y el plan preveía simular un ejercicio de la OTAN, con muchos aviones en acción, durante el cual se debería haber lanzado un misil contra el líder libio. El ejercicio era una puesta en escena que habría permitido hacer pasar el ataque como un incidente involuntario».

«Gadafi fue advertido del peligro y no subió a su avión. Y el misil lanzado contra el MIG libio

acabó impactando

en el DC-9 del Itavia»

Pero las cosas sucedieron de otra forma, según la versión del ex primer ministro Amato: «Gadafi fue advertido del peligro y no subió a su avión. Y el misil lanzado contra el MIG libio acabó impactando en el DC-9 del Itavia. La hipótesis más acreditada es que ese misil fue lanzado por un avión de combate francés que partió de un portaviones frente a la costa sur de Córcega o de la base militar de Solenzara, aquella tarde muy concurrida. Francia nunca ha arrojado ninguna luz sobre esto».

Las palabras de Amato sobre la reconstrucción de la tragedia son consideradas «muy importantes» por la presidenta de la Asociación de Víctimas de Ustica, la exsenadora Daria Bonfietti (perdió un hermano en el avión derribado en Ustica). Así lo expresa en una entrevista a ABC: «En aquel cielo, no lo digo yo, sino los magistrados, había aviones militares americanos, aviones franceses, británicos, belgas y algunos con sus transpondedores apagados, probablemente libios. Y en este contexto, el juez Priore ha comentado que el DC-9 fue derribado. Queremos saber quién fue el responsable».

Visitas insólitas

Amato ha denunciado las falsedades que le dijeron algunos generales cuando era subsecretario de la Presidencia del Consejo de Ministros, equivalente a ministro de la Presidencia. «En 1986 comencé a recibir visitas de generales que me querían convencer de la falsa tesis de la bomba explotada dentro del avión, después de que cayera también la mentira de un fallo estructural de la aeronave. Obviamente me preguntaba por qué venían [los generales] a decirme estas falsedades. Nuestra Fuerza Aérea estaba desplegada en defensa de la mentira. Si tantos militares, todos con cargos oficiales muy importantes, decían lo mismo, claramente falso, detrás debía haber un secreto mucho más grande que ellos. Uno que preocupaba a la OTAN», ha confesado el ex primer ministro.

Desde el punto de vista de las investigaciones judiciales realizadas hasta ahora, las declaraciones del exprimer ministro no aportan grandes novedades significativas. Representan, de hecho, la confirmación de lo que dijo el expresidente de la República italiana, Francesco Cossiga, en 2008, cuando afirmó que el DC-9 fue derribado «por error» por un misil francés (la hipótesis del misil fue considerada como la «más probable» también por Rino Formica, entonces ministro de Transportes, el 17 de diciembre de 1980 en un discurso en el Parlamento).

Las mentiras de algunos militares, según Amato

«En 1986 comencé a recibir visitas de generales que me querían convencer de la falsa tesis de la bomba explotada dentro del avión»

Cossiga hizo otra revelación importante, según destaca Bonfietti: «El presidente Cossiga expresó que, de vuelta al portaviones, el piloto del avión francés se suicidó. Estas sensacionales declaraciones de 2008 hicieron que se reanudaran las investigaciones de la Fiscalía de Roma. Han pasado 15 años y las cartas rogatorias que los magistrados han enviado a Francia, Estados Unidos y todos los demás países involucrados siguen abiertas. Todavía no sabemos cuál será el resultado. Por lo tanto, pedimos firmemente, y Amato con nosotros, que el poder judicial y la política terminen este trabajo de décadas». «Son muchas las personas que saben –añade Bonfietti– y pueden añadir un pedazo de verdad y no lo hacen. Como expuso también el presidente Cossiga, fue el general Giuseppe Santoviso, entonces jefe del SISMI (Servicio de Información y Seguridad Militar) quién advirtió a Gadafi». El general Santoviso murió en 1984 y se llevó muchos secretos a la tumba.

La primera ministra, Giorgia Meloni, hizo una breve declaración para destacar que «las palabras de Giuliano Amato sobre Ustica son importantes y merecen atención», añadiendo que «ningún acto relativo a la tragedia del DC-9 está cubierto por el secreto de Estado». Francia se ha mostrado dispuesta a colaborar. Su ministerio de Asuntos Exteriores ha precisado que «sobre la tragedia de Ustica, Francia ha ofrecido a Italia los elementos que estaban en su poder cuando se los pidieron». Pero los magistrados italianos siempre han expresado que las respuestas francesas fueron a menudo evasivas.

¿Por qué ahora?

Tras las declaraciones de Amato, se han realizado muchas especulaciones sobre sus verdaderas intenciones para hablar alto y claro ahora, 43 años después de la tragedia. El ex primer ministro ha explicado, en una carta al diario ‘La Repubblica’ y en una rueda de prensa el pasado martes, que le movía una única urgencia para hablar en este momento: la de intentar sondear las posibilidades que aún quedan para que la política busque la verdad. Una invitación hecha por «una persona que, con 85 años, empieza a pensar que le queda poco tiempo por delante», anunció Amato. Ahora, el ex primer ministro pide al presidente Macron que quite «la vergüenza», el deshonor que pesa sobre su país: «Sólo puede eliminarla –afirma Amato– de dos maneras: demostrando que esta tesis es infundada o, una vez comprobada su validez, ofreciendo las más profundas disculpas a Italia y a las familias de las víctimas en nombre de su Gobierno».

Las palabras del ex primer ministro han hecho revivir a los familiares de las víctimas la tortura que padecen desde hace 43 años. Para mantener vivo el recuerdo y llorar juntos a sus seres queridos, crearon en Bolonia el Museo para la Memoria de Ustica. Allí se reúnen cada año, del 27 de junio al 10 de agosto, y organizan diversas actividades y exposiciones. En su declaración a ABC, Bonfietti, la presidenta de la asociación, lanza un grito a Macron para que admita «la responsabilidad de Francia y se ponga fin a la mentira de los Estados, lo que es una vergüenza». «Para mí es una cuestión de dignidad nacional. No puedo pensar –sentencia la exsenadora– que en los libros de historia nuestros hijos puedan leer que el poder judicial no tuvo éxito y que la política del Gobierno de la República fracasó porque no supo quién derribó un avión civil en tiempos de paz. Sería vergonzoso que no se supiera esta verdad».