sábado, abril 13

El primer asalto de Feijóo

El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, se someterá este martes y miércoles a sesión de investidura en la que le toca defender una candidatura, de entrada, sin posibilidades de éxito. Después de ganar las elecciones, el apoyo de Vox le garantiza sumar 172 escaños, pero le impide conseguir otros 4 con los que alcanzaría la mayoría absoluta que necesita. La excitación tan habitual en la política española impide a unos y a otros ver esta realidad: Feijóo fue el candidato más votado lo que le legitima para intentar la investidura que no puede lograr porque el único partido que le apoya ahuyenta a los demás. Ni la investidura de hoy es una impostura ni España implosionará si llega a producirse la de Pedro Sánchez.

El encargo por parte del Rey no tenía alternativa: no por una «costumbre» consolidada sino porque era necesario hacer correr el reloj y Feijóo tenía (y así sigue siendo aún hoy) más votos declarados a su favor que el presidente del Gobierno en funciones. El plazo entre la designación como candidato a la investidura y la sesión que se inicia hoy ha sido largo: a Feijóo le interesaba probablemente prolongar su posición de presidenciable e intentar provocar unas tensiones en el PSOE que, por ahora, no han prosperado, pero que podrían cuajar cuando sea Sánchez el candidato. 

Desde el partido socialista se han multiplicado estos días los gestos de displicencia hacia Núñez Feijóo, al que se ha definido de forma precipitada como «líder de la oposición» (aunque la manifestación preventiva contra el acuerdo de Pedro Sánchez con los independentismos de este fin de semana a Madrid se lo ha puesto fácil) y del que se ha repetido que saldrá de las sesiones en el Congreso de estos días «amortizado» tras una investidura «fallida».

Es muy probable que la votación que se produzca el miércoles lo sea. Pero si es aventurado pretender que Alberto Núñez Feijóo pueda ser presidente del Gobierno con las cartas de que dispone ahora en la mano (172 diputados de PP, Vox, UPN y CC) también lo es (aunque menos) dar por hecho, por más que lo repita en cada una de sus comparecencias públicas, que Pedro Sánchez será de nuevo presidente del Gobierno y Feijóo se deberá resignar a su función de jefe de la oposición en espera de su relevo.

Siguen siendo notables las dificultades para que en una segunda sesión de investidura se logren sumar (y con pago por adelantado) los apoyos de Junts y de ERC y de PNV y Bildu. Y aún más que, en el horizonte de la legislatura, esta tenga un recorrido para el que además sería necesario que la cohesión entre Sumar y Podemos se mantenga, que las concesiones que pudieran hacerse en forma de amnistía o fórmula equivalente resulten digeribles para las bases y los cuadros del partido socialista y que pueda superarse la siguiente pantalla que las formaciones independentistas plantean ya (alguna fórmula que pueda ser considerada como un ejercicio del derecho de autodeterminación).

Es posible que Sánchez lo consiga. Y también que un Feijóo que haya blindado su posición en el PP siga allí en caso de repetición electoral tras una investidura imposible o de elecciones anticipadas en caso de legislatura truncada. Por eso sería necesario y saludable que su discurso hoy sea no el de líder de la oposición sino el de un candidato a la presidencia del Gobierno que explique cuál es su proyecto y qué acuerdos de Estado, y con quién, estaría dispuesto a emprender en caso de que se llegase a una situación de bloqueo.