martes, abril 16

El PSOE fija sus límites y deja en manos de Puigdemont la decisión sobre la investidura

Las negociaciones para la investidura de Pedro Sánchez se encuentran en un momento crucial. La gobernabilidad de España depende de lo que ocurra a partir de ahora. Sobre todo, con Junts per Catalunya, la pieza más difícil de encajar dentro del complejo pacto para reelegir al presidente en funciones. El PSOE anticipa que el acuerdo con los demás partidos (Sumar, ERC, EH Bildu, el PNV y el BNG) será más sencillo, así que la dirección del partido está volcada en intentar atraer a Carles Puigdemont. Pero las conversaciones, confirman fuentes de ambas partes, parten ahora de una premisa básica: los socialistas ya se han movido todo lo que están dispuestos a moverse. No va a haber nuevas ofertas a los posconvergentes. Todo depende de ellos. Es decir, del ‘expresident’ de la Generalitat, que es quien tiene la última palabra en Junts. 

Los socialistas ya no piensan moverse más y no harán nuevas ofertas a los posconvergentes

El equipo negociador del PSOE se reunió el martes con Sánchez en la sede del partido, en la madrileña calle de Ferraz. No trascendió nada de la cita. Los socialistas ni siquiera comparecieron después, instalados como están en el cerrojazo informativo. Consideran que la única manera de sellar el pacto con Puigdemont es que no haya “ruido”. Al mismo tiempo, y pese a que el propio presidente en funciones anunció que sería “claro” cuando hubiera sido nombrado candidato por el Rey, quieren protegerse ante la posibilidad de que todo acabe rompiéndose y haya repetición electoral. Por eso evitan adelantar nada sobre el asunto más complejo de todos: la amnistía del ‘procés’. 

Pero fuentes de la dirección del partido explican que la impresión que salió del encuentro no fue distinta a la de las últimas semanas. Los socialistas continúan siendo optimistas, aunque la hipótesis con la que trabajaban hasta hace poco, una investidura en octubre, hace tiempo que se ha disipado. Todo va más lento de lo que proyectaron en un primer momento. Sospechan que Junts quiere llevar el suspense hasta el final (el 27 de noviembre se convocarían nuevas elecciones si Sánchez no ha sido reelegido), para escenificar la trascendencia «histórica» del pacto e intentar encarecer el apoyo de sus siete diputados a la investidura del líder socialista. Los posconvergentes ofrecen aquí una versión distinta: aseguran que no quieren llevar los tiempos al límite. 

En cualquier caso, las conversaciones continúan. “No ha habido grandes cambios en los últimos días. No hay nada encallado, pero el acuerdo tampoco está hecho. No es bueno ir con prisas, y nosotros tampoco las tenemos. El conflicto en Catalunya viene de muy lejos y no se puede solucionar en unas semanas”, señalan los colaboradores de Sánchez. 

A falta de que Puigdemont mueva ficha, se mantienen dos escollos. Por un lado, la exposición de motivos de la futura ley de amnistía, en la que los socialistas quieren que quede reflejado el compromiso del independentismo con la “seguridad jurídica”, que sería una forma tácita de reconocer que renuncian a la vía unilateral impulsada en 2017. Por otro, la exigencia de Junts en nombrar a un mediador internacional que supervise las relaciones con el Gobierno. Los socialistas rechazan de plano este enfoque e insisten en una comisión de seguimiento de los pactos, como aceptaron, por ejemplo, hace casi cuatro años con su acuerdo de coalición con Unidas Podemos. 

La voluntad del ‘expresident’

Fuentes de la dirección de Junts confirman que las negociaciones pasan por un momento crítico. Sánchez ha llegado hasta un límite en sus ofertas y toca al partido independentista tomar una decisión, que en el fondo corresponderá a una única persona que coordina y dirige personalmente las negociaciones: Puigdemont. La cúpula posconvergente insiste en que el ‘expresident’ tiene voluntad sincera de acuerdo. El sector más pactista de Junts admite que a favor del entendimiento hay un argumento de peso: resulta difícil, casi imposible, volver a tener una oportunidad como la actual para ejercer presión y lograr algunos objetivos, dada la aritmética del Congreso. 

Los colaboradores del ‘expresident’ insisten en que tiene voluntad sincera de acuerdo

Pero para alcanzar un acuerdo, Puigdemont deberá vender ante los suyos y ante el conjunto del independentismo, en el que existe una minoría radicalizada contraria incluso a la amnistía e instalada en posiciones maximalistas de «independencia o nada», que ha logrado el pacto “histórico” que reclamó en su conferencia del 5 de septiembre en Bruselas.

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Para poder vestir el acuerdo con estos adjetivos, Puigdemont no solo tratará de apropiarse de avances como la amnistía, el uso del catalán en el Congreso o su posible oficialidad en la UE, además de las comisiones de investigación en el Congreso reclamadas por Junts, sino añadir algo esencial para él: el reconocimiento del independentismo como actor y el concepto de Catalunya como sujeto político. Esta cuestión es básica para el ‘expresident’ para poder defender que ha logrado un salto cualitativo previo a una negociación de cuatro años sobre el conflicto, en la que defenderá el derecho a la autodeterminación.

Así podrá también sacar pecho y sostener que sus logros han sido superiores a los de los republicanos, que este miércoles, informa Quim Bertomeu, aseguraron que el pacto estaba todavía “muy verde” y pusieron el foco en el traspaso “integral” de Rodalies. Puigdemont, explican sus colaboradores, tiene al partido alineado a su lado, decida lo que decida.