miércoles, julio 17

Feijóo diseña su estrategia pensando más en sacar del aislamiento al PP que en la investidura

Alberto Núñez Feijóo mira más allá de su investidura, abocada al fracaso a finales de septiembre salvo una sorpresa que nadie espera dentro del PP. El mazazo que supuso una victoria tan amarga como la del 23J sumió al líder conservador en un estado de shock. Ahora, el tablero político está bastante claro a pesar de la ronda de contactos que empezó por Pedro Sánchez y continuará en los próximos días. La estrategia de ofrecer un pacto al PSOE o aislar exclusivamente a Bildu ha desconcertado dentro y fuera del partido. Feijóo, sin embargo, mira al corto, medio y largo plazo. Y en su núcleo duro no tienen dudas: o salen del aislamiento en el que se encuentran o el PP tendrá muy difícil volver a gobernar.

El acuerdo en Murcia, cerrado solo unos días antes de que venciera el plazo para ir a una repetición electoral, consuma un ciclo de pactos con Vox que al PP le han pasado mucha factura. Pero no alterará el camino que ya han empezado en Génova y que Feijóo volverá a explicar este lunes en la junta directiva nacional.

El líder conservador va a mantener un discurso firme en defensa de la igualdad de los ciudadanos (será el eje de su propia investidura), convencido de que en las negociaciones del PSOE para hacer de nuevo presidente a Sánchez aflorarán “chantajes” y “cesiones muy importantes” a partidos nacionalistas y, sobre todo, a dirigentes independentistas en Cataluña. El PP quiere evidenciar que ellos nunca aceptarían lo que los socialistas sí harán. La oferta de un pacto de Estado (que Isabel Díaz Ayuso calificó de “bisoña” y que en Génova siempre supieron que no sería aceptada) respondía a ese mismo objetivo. 

Exhibir un intento de acuerdo entre los dos grandes partidos aunque eso implicara la incoherencia de pedir a Sánchez sus votos para «derogar el sanchismo». La siguiente dificultad será mantener ese discurso de igualdad entre ciudadanos sin importar la comunidad autónoma mientras se abre a dialogar con partidos nacionalistas, especialmente el PNV, y dejando la puerta abierta a Junts. En el núcleo duro popular asumen la situación: o rompen el bloque de apoyos a Sánchez o es muy difícil que deje de ser presidente ahora o más adelante si se repiten elecciones de manera inmediata o a medio plazo si la legislatura resulta inestable.

“La circunstancia extraña es que en ese bloque conviven por primera vez como socios de un Gobierno EH Bildu y el PNV; y, por otro lado, ERC y Junts. Mientras eso siga así, Sánchez gobernará. Necesitamos que alguno salga o al menos valore salirse”, resumen. 

Con ese objetivo el PP ha decidido mantener como interlocutor parlamentario al partido de Carles Puigdemont: “No es equiparable a Bildu” insisten en Génova y en todos los territorios, porque se trata de una reflexión compartida, también por el PP de Ayuso. Entienden que renunciar a verse con Junts supone lanzar el mensaje de que la única vía factible es Sánchez. Abriéndose a hablar, justifican, como mínimo, encarecen el precio de la investidura del socialista. Al tiempo que añaden posibilidades a la repetición electoral si las cesiones se vuelven inasumibles.

Con el PNV tampoco quedan muchas esperanzas en pie. Los portazos aún resuenan. Pero el mensaje pretendido está ahí: el PP no renuncia a entenderse en un futuro con los nacionalistas vascos con guiños tan claros como haber amarrado el apoyo de Coalición Canaria a pesar de Vox (que renuncia a estar dentro de un hipotético Gobierno de Feijóo), haber dejado fuera de la Mesa del Congreso a los de Abascal, o insistir en hablar con el lehendakari Íñigo Urkullu hasta haberlo conseguido.

La reciente propuesta del presidente vasco para aumentar el autogobierno de las comunidades históricas dentro de la Constitución no es compartida por el PP. Pero algunos en la cúpula valoran el “buen tono” de una propuesta “sin imposiciones”, dentro del marco constitucional y recordando que no es “una petición tan novedosa”. 

Elecciones vascas y catalanas

En todo caso, Feijóo intenta mover fichas pensando en distintos escenarios. Su investidura es quizá la que menos tiene en cuenta, a pesar de que los más optimistas de Génova siguen recordando que “cuatro semanas dan para mucho” en la política española. Algunos dirigentes nacionales creen que no se pueden adelantar acontecimientos, especialmente hasta ver qué decisiones toman los independentistas catalanes. En el PP saben que nunca podrán satisfacer las demandas de Junts más allá de cuestiones económicas o fiscales, que nada tienen que ver con el programa independentista.

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Pero, igual que ocurre con el País Vasco, también piensan que las luchas internas entre los partidos catalanes —y vascos— se deben leer en una clave electoral propia. Las dos comunidades irán a elecciones en el próximo año y en juego están las presidencias autonómicas, hoy en manos de ERC y el PNV respectivamente, pero con Junts y EH Bildu decididos a dar un vuelco.

Que los dos territorios clave en la gobernabilidad de España tengan una cita electoral no es menor para la dirección nacional popular, que no descarta “movimientos” que afecten a nivel nacional. Y en cualquier escenario: una repetición electoral después de que Sánchez salga investido o plantear una moción de censura como la que se produjo en 2018, explican, “será necesario haber agrietado el bloque de Sánchez”.