domingo, mayo 19

Matt Gaetz, un pirómano en el incendio republicano

Matt Gaetz ya ha ganado. No solo porque ha conseguido cortar la cabeza del líder de su partido en la Cámara de Representantes, el republicano Kevin McCarthy. También porque Gaetz, representante de un distrito muy conservador de Florida, ha capturado esta semana más atención incluso que Donald Trump y sus líos judiciales.

Encaramado en la escalinata del Capitolio el pasado lunes por la noche, rodeado por una nube de reporteros, Gaetz adelantaba que apuntaría su pulgar hacia abajo contra McCarthy, la tercera principal autoridad de la primera potencia mundial.

La caída del presidente de la Cámara de Representantes es el clímax de la carrera política de Gaetz, que solo tiene 41 años pero que ya es un veterano de los pasillos de la política. Nació, se crió, estudió Derecho e inició su carrera política en Florida. Esa dedicación le venía de familia: su abuelo llegó a ser candidato a vicegobernador de Dakota del Norte y su padre, que prefirió el clima tropical, fue presidente del Senado de Florida.

No había cumplido treinta años y Gaetz ya era miembro de la Cámara Baja de Florida. Con un tupé imposible y una cara angulosa, con los ojos arqueados y la sonrisa enorme, como de encantador malo de película, se hizo un nombre en el estado como legislador-agitador. Se ha definido como «libertario populista» y abrazó de inmediato la fe trumpista: llegó a Washington como diputado en 2016, a la vez que el multimillonario neoyorquino se convertía en presidente de EE.UU.

Investigado por mala conducta sexual

Desde entonces, ha sido un látigo del expresidente en el Congreso, en los mítines y en los medios. Ha convivido con acusaciones de llevar una vida disoluta -«soy un legislador, no un monje», bromeó en alguna ocasión- y con investigaciones sobre posible tráfico de menores, por pagos a una joven de 17 años para viajar y mantener relaciones sexuales con él (la investigación por parte del Departamento de Justicia se cerró sin imputaciones a comienzos de este año). El Comité de Ética de la Cámara de Representantes abrió este verano una investigación por mala conducta sexual (entre otras cosas, enseñaba fotos a otros legisladores de mujeres con las que decía tener relaciones) que sigue en curso.

Todo eso es anecdótico comparado con el papel que ha adquirido tras el descabezamiento de McCarthy, que ha confirmado a Gaetz como el ‘enfant terrible’ del partido republicano.

«Esta ha sido una votación para traer el caos», criticó Don Baco, republicano de Nebraska, sobre el movimiento para echar al presidente de la Cámara. «Daña a nuestro país, a nuestro Congreso. Los republicanos serán más débiles el próximo noviembre. El comportamiento de estos ocho tipos es una vergüenza», añadió sobre Gaetz y los otros diputados republicanos radicales que provocaron la caída de McCarthy.

Desde entonces, Gaetz no ha dejado de recibir insultos y acusaciones de sus compañeras de bancada. «Solo le importan los ‘clicks’», criticó Carlos Giménez, representante republicano, también de Florida. «Le importa cuántas cámaras pueden estar apuntándole y que es una figura histórica por haber logrado esto por primera vez. Creo que le pone».

«Le importa cuántas cámaras pueden estar apuntándole y que es una figura histórica por haber logrado esto por primera vez. Creo que le pone»

Carlos Giménez

Republicano de Florida

Algunos han propuesto que se le expulse del grupo parlamentario. «No debería estar en el Partido Republicano», dijo Bacon. Gaetz había enfurecido tanto a su bancada que no le han permitido que tomara la palabra dentro de su grupo y le forzaron a hacerlo con los demócratas.

Nada de eso importa a Gaetz, descarado y crecido con su logro.: «Si me quieren echar, que me avisen cuando tengan los votos suficientes».