lunes, junio 17

«Os suplicamos que nos ayudéis a liberarlos»

«Lo que os pido, lo que os suplico, es que nos ayudéis a liberar a nuestras familias. Imaginad que fueran vuestros familiares, sus hijos». Son palabras de la ciudadana israelí Merav Mor Raviv. Su tío, la mujer de su tío, una prima y el hijo pequeño de esta fueron secuestrados en el kibutz Nahal Oz por Hamás. Ha venido a España junto a otros cuatro familiares de secuestrados para clamar por la liberación de sus seres queridos. En total, al menos 220 personas han sido apresadas y se cree que están retenidas en la Franja de Gaza. «No sabemos qué pasa con ellos. Cruz Roja [en Gaza] no nos dice nada», ha añadido, ante decenas de periodistas reunidos en la sede de la Comunidad Judía de Madrid, en un evento convocado por la Embajada de Israel.

Entre lágrimas y con la voz entrecortada, a veces rota, han contado las historias de desolación que dejó en sus vidas el ataque por sorpresa de Hamás del 7 de octubre, que dejó 1.400 muertos, según cifras oficiales

«Pedimos que España hable con los únicos dos países que hablan con Hamás [Qatar, Irán]», añade Naama Weinberg. cuyos tíos fueron asesinados y que tiene a su primo, Itai, de 38 años, secuestrado. «Estoy segura de que su corazón estará iluminando la oscuridad que le rodea», dice. A su propio Gobierno le pide que primero libere a los rehenes, y luego acabe con Hamás.

Reunión con Albares

Antes del acto, el ministro de Exteriores en funciones, José Manuel Albares, se ha reunido con el grupo de familiares junto a la embajadora israelí, Rodica Radian-Gordon y a la vicepresidenta primera del Gobierno, Nadia Calviño, según han confirmado los familiares. El jefe de la diplomacia española ha reiterado su petición de una «liberación incondicional» de todos ellos.

Al encuentro han asistido también familiares del español Iván Illarramendi, secuestrado junto a su mujer en un kibutz situado junto a la Franja de Gaza. «Iván es una persona muy buena. Me ha enseñado muchas cosas de la vida, tanto de filosofía como de cocina», ha dicho Roberto Meyer, otro de los asistentes, que le conoce personalmente. «Está pagando un precio que no tiene por qué pagar. Les pido a todos que no callen. No es sólo nuestro problema», ha dicho. En conversación con este diario, Meyer ha descrito a Iván como una persona profundamente culta y un cocinero excelente, que hacía tortilla de patatas «pero sólo para su equipo de cocineros» con los que trabajaba.

El rostro de Illarramendi era uno de los que se veían en las pancartas de un pequeño grupo de manifestantes judíos concentrados en la puerta de la sede de la Comunidad Judía, protegidos por un fuerte dispositivo de seguridad de la policía nacional y agentes israelíes. Algunos son residentes en España, otros han venido desde Israel, según han contado a este diario, para pedir ayuda en la liberación de los rehenes.

Los testimonios de los familiares de los secuestrados

Yulie Ben-Ami y su pareja: sus padres (Ohad y Raz) fueron secuestrados en el kibutz Beerí.

«Vivo en el kibutz [comunidad agrícola judía] Be’eri, con mis padres. Desperté a las 6:20 de la mañana con ruidos de explosiones. A y media recibimos un mensaje en el que decía que alguien había entrado al kibutz. Había gritos en árabe y muchos disparos. A las 9:30, mi madre me dijo que habían entrado los terroristas. Una hora después, recibimos una foto de mi padre con su pijama en Gaza. Luego, un vídeo de mi madre. Nosotros seguíamos en el refugio con las luces apagadas, sin decir nada. Escuchamos gritos de niños, de mujeres. Hubo muchos disparos durante todo el día. A las 20:42 llegaron los soldados del Ejército a rescatarnos, junto a mi hermana. Los terroristas seguían disparando. Vi cuerpos de gente de mi comunidad en el suelo, coches quemados»

«Mi madre está enferma, necesita medicinas. No sabemos si las está recibiendo, ni cuánto tiempo va a poder sobrevivir sin ellas. Queremos que les den las medicinas para que puedan estar bien. Pedimos la ayuda de todo el mundo. Les echo de menos. Ellos ni hicieron nada: niños, madres, gente mayor. Ellos no tienen que sufrir esto, no hicieron nada, no tienen nada de culpa. Queremos la ayuda del mundo para poder traerlos de vuelta».

Maayan Sigal-Koren: cinco tíos y primos fueron secuestrados en Nir Yitzhak. 

«No tenemos información sobre su estado. El Ejército dice que saben que sus móviles han llegado a Gaza. Empezamos a buscar en los canales de los terroristas a ver si estaban, pero no encontramos nada».

«Mi madre siempre contó que decidió ir a Israel porque, como judía, decía que en otros lugares no se sentía segura. Para los judíos, el mejor lugar para estar seguros era Israel. Ahora, tras lo que les pasó, ya no se siente seguro».

«Yo tengo dos hijos, de cinco y ocho años. Desde hace dos semanas y media me preguntan dónde está la abuela. ¿Por qué no se puede entrar a Gaza a traerla?»

«Vengo para que la comunidad internacional no calle, y nos ayude para que regresen sanos y salvo». 

Merav Mor Raviv: su tío, la mujer de su tío, su prima y el hijo de su prima fueron secuestrados en el kibutz Nahal Oz

«Mi tío, Abraham, con 78 años, no tiene buena salud. Casi no camina. Su vista tampoco está bien, casi no ve. Su mujer tiene la misma edad que él. Su hija, de 54 años, ya no vivía allí, pero justo ese fin de semana, como era fiesta, fue, con su único hijo, que el pasado lunes cumplía nueve años. Ahora todos están secuestrados».

«A eso de las diez de la noche fue la última comunicación. La tía mayor susurró al teléfono que no podía hablar porque ya estaban los terroristas allí. No supimos más».

«A mi primo, que vivía en otra casa, se le encontró muerto, esposado y en el suelo, tiroteado. De la comunidad de 400 personas, solo sobrevivieron 150, y nuestra familia, según nos dijeron los oficiales, no estaban entre ellos.»

«Una de las historias más trágicas, que sabemos por los propios vídeos de Hamás: secuestraron a un niño de 14 años. Le dijeron que no le iban a matar. Le hicieron que fuera casa por casa diciendo a la gente que saliera, en hebrero. Como todo el mundo le conocía, la gente lo hizo y les fueron matando uno a uno. También a él lo mataron. ¿Que cómo lo sé? Porque lo grabaron todo».

«Son historias como las del holocausto. Padres que fueron asesinados delante de sus propios hijos. Algunos niños están ahora en Gaza sin sus padres. Amamos la paz, queremos la paz. Mi tío participaba en varios programas y ayudaba a los niños de Gaza a ir a Israel para poder ser tratados de sus enfermedades».

Naama Weinberg: su primo Itai Svirsky fue secuestrado: los padres de Itai (tíos de Naama), asesinados. 

“El siete de octubre me desperté en Tel Aviv por el sonido de las sirenas. Miré el móvil para ver si también sonaban en la zona cercana a Gaza donde vivía su familia. Puse la televisión y vi la invasión terrorista. Entró un mensaje de mi tía, a las 7:28 de la mañana: por favor, rezad por nosotros. Luego otro más: ‘estamos dentro del búnker con las luces apagadas. Disparan alrededor nuestro’. Los disparos sonaban cada vez más cerca, muy cerca, decían los mensajes. Teníamos cinco familiares en el kibutz. Uno se escondió en el armario. Otro escuchaba disparos en casa de los vecinos. Un amigo me mandó un mensaje diciendo que su casa estaba en llamas, y que ellos estaban dentro del refugio de la casa. No puedo describiros la sensación de impotencia que recibí al recibir estos mensajes.”.

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«Luego descubrimos que algunos habían muerto. Ahora el foco es Itai, que es el único que se puede salvar. En aquel sábado tan horrible, Itai perdió a sus padres, asesinados brutalmente por Hamás. Itai tiene 38 años, y fue criado en el kibutz Be’eri. Él vive en Tel Aviv, pero iba a visitar a sus padres los fines de semana. Itai es un hombre de paz, amor y humanista. Toda su vida la ha dedicado a ayudar a otros. Cuando hablabas con él, no podías no enamorarte. Estaba lleno de compasión. Practicaba yoga, estudiaba psicología en la universidad de Tel Aviv y era coach».

«No sabemos nada de él, pero no tenemos duda de que su corazón estará brillando, incluso en el lugar más oscuro, y estará intentando ayudar a los demás. Juntos podemos salir de esta devastación. Estamos esperando impacientes su regreso. El problema de los 224 secuestrados no es un problema solo de Israel, es de todo el mundo. Nadie de Cruz Roja ha llegado a Gaza a ver qué pasa. Nadie ha mirado a ver si necesitan ayuda, si se preocupan por sus necesidades básicas. Hablamos de bebés, de enfermos. Pedimos ayuda: el deber es del mundo entero, y debe ser inmediato. Hay que parar a Hamás hoy”.