domingo, julio 14

Pere Aragonès usará el acuerdo de claridad para presionar por la continuidad del diálogo

El acuerdo de claridad, la propuesta estrella del ‘president‘ para resolver el conflicto entre Catalunya y el resto del Estado, se mueve. La primera fase se ha cerrado esta semana con el informe que un grupo de académicos ha elaborado para Aragonès que incluye un abanico de herramientas con las que la Generalitat podría afrontar su contencioso con el Estado. Este es solo el primero de varios pasos antes que el ‘president’ haga una propuesta formal para entregar al Gobierno sobre cómo, cuándo y de qué manera los catalanes podrían votar sobre el futuro político. Ahora le toca al presidente de la Generalitat explicar cuál es el siguiente paso y lo hará en una comparecencia este lunes. Estas son las claves del futuro inmediato del acuerdo de claridad.

¿Qué es el acuerdo de claridad?

En la última década de la política catalana está asumido que todo presidente de la Generalitat debe tener una propuesta para resolver el conflicto postsentencia del Estatut. Que lo consiga o no, ya es otra historia. Artur Mas se lanzó con la consulta del 9-N, Carles Puigdemont con el 1-O y Quim Torra propuso recuperar la unilateralidad, aunque no le siguió ni su propio partido. Pere Aragonès supo desde el principio que debía tener una propia y la formuló en septiembre de 2022: un acuerdo claridad, terminología que remite al caso del Quebec, donde ha habido dos referéndums de independencia aceptados por el Estado matriz, Canadá.

La idea de acuerdo del ‘president’ es presentar al Estado una propuesta para abordar la resolución del conflicto formulada a partir de una participación académica -de aquí el informe que el miércoles desveló EL PERIÓDICO-, una participación de los partidos, otra de los ciudadanos y las principales entidades del país y, finalmente, su sello propio.

¿Qué dice el informe de los académicos?

La primera estación para configurar el acuerdo de claridad ha sido reunir a nueve expertos para que, a través de la política comparada, resolvieran cinco preguntas que les formuló el ‘president’. Cuestiones enfocadas a si el referéndum es un buen mecanismo de resolución de conflictos territoriales y si existen alternativas. La idea era dar unos fundamentos académicos a toda la operación.

Bajo la batuta del profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Pompeu Fabra, Marc Sanjaume, han elaborado un informe de 64 páginas donde se proponen al menos cinco fórmulas de referéndum posible que podrían encajar en el caso catalán. La novedad es que se plantea que no solo sean sobre la independencia, lo que ha generado revuelo. También se habla de los ‘pros’ y los ‘contras’ de este tipo de votaciones y se formulan algunas alternativas como la de las elecciones plebiscitarias.

La idea del ‘president’ es ejercer de maestro de ceremonias en todo el proceso. Él quiere involucrar a toda la sociedad en la elaboración del acuerdo de claridad final, pero sabe que, en última instancia, toda la responsabilidad recaerá a sus espaldas por lo que quiere tener una influencia directa en el resultado. Aquí es donde tendrá que hacer equilibrios. Por un lado, tiene que aceptar propuestas de cuántos más sectores quieran participar mejor. Por el otro, no quiere incomodar a ese sector del independentismo cuyo marco mental es no aceptar nada que no sea un referéndum estrictamente sobre la independencia con respuesta binaria de sí o no.

El ‘president’, de momento, gana tiempo. El miércoles dijo que su opción era «un referéndum sobre la independencia y que se puedan aplicar los resultados», una opción que siempre ha chocado con gobiernos tanto del PP como del PSOE. Este lunes se solemnizará la primera fase del acuerdo de claridad. A las 10 horas comparecerá Sanjaume. Luego se reunirá el Govern para abordar el informe académico y a las 13 horas comparecerá Aragonès.

El rechazo de los partidos

No solo el Gobierno de Pedro Sánchez le pondrá las cosas difíciles al ‘president’. También lo hará la oposición en Catalunya. Por el flanco independentista, ni Junts ni la CUP les parece una propuesta potente y la han rechazado desde el principio. Por el flanco no independentista, no gusta ni al PSC ni a los Comuns. A los socialistas, porque les parece volver a un escenario de «ruptura». A los morados porque, pese a que la idea no les desagrada, creen que el ‘president’ hace un uso «partidista» de ella.

Pero el trasfondo del rechazo no es tanto la propuesta en sí misma, que aún está por definir con todos sus matices, sino que ningún partido de la oposición tiene incentivos para dar aire a un ‘president’ que gobierna en minoría y al que solo aspiran a ir debilitando hasta la próxima cita electoral. Los socialistas y los Comuns aún podrían estar dispuestos a jugar la partida de negociar los presupuestos, pero difícilmente jugarán la de sumarse al acuerdo de claridad.

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Pero aunque en este proyecto el ‘president’ no tenga más apoyos que el de ERC, aún tendrá una baza importante para darle un impulso al acuerdo de claridad. Será el de llevarlo a la mesa de diálogo entre la Generalitat y el Gobierno para que el PSOE, al menos, tenga que escucharlo. Es por esto que, en las negociaciones para la investidura de Sánchez, ERC está dando tanta importancia a resucitar este espacio de negociación. La mesa de diálogo sería la pista de aterrizaje donde llevar el acuerdo.

Aunque esto no sea garantía de nada, Aragonès podría defender que él ya ha cumplido: en primer lugar, por haber presentado una propuesta para resolver el conflicto. En segundo, por haber conseguido presentarla ante el Gobierno. En el Palau de la Generalitat creen que esto daría varios beneficios. Por ejemplo, forzar al PSOE a presentar una propuesta propia para Catalunya o, por pasiva, evidenciar que los socialistas no tienen ninguna. También para poder defender ante la comunidad internacional que la Generalitat tiene un plan para resolver el conflicto de forma acordada y que es el Estado quien no mueve ficha.