miércoles, julio 17

Un acuerdo inviable, editorial sobre la investidura

La entrevista entre el candidato a quien el Rey encomendó la tarea de intentar formar Gobierno, Alberto Núñez Feijóo, y el que aritméticamente tiene alguna posibilidad de formar una mayoría parlamentaria, Pedro Sánchez, acabó como se esperaba. Sin resultados y sin que se atisbe ninguna posibilidad de acuerdo entre ambos. Sin embargo, sí incluyó una sorpresa en el guion, la propuesta del presidente del Partido Popular de pedir a Sánchez su voto para la investidura al frente de un Gobierno para una legislatura de solo dos años, con el cometido de ejecutar una serie de reformas pactadas entre las dos formaciones en forma de seis pactos de Estado.

Una propuesta de este tipo está a solo un paso (el de compartir la mesa del Consejo de Ministros, en lugar del Gobierno monocolor planteado) de la formación de una gran coalición. Se trata de una fórmula tan inédita en historia de la democracia española como inviable sin unas condiciones previas que están lejos de cumplirse. Una solución de emergencia de este tipo solo es creíble ante la falta de una mayoría alternativa viable o la inminencia de una situación poco menos que de emergencia, algo que no parece que esté en el horizonte por más que el discurso del PP dibuje las negociaciones con los independentistas como un peligro existencial para España. Es inverosímil también sin un clima de entendimiento necesario, para empezar, para confiar en la promesa de convocar elecciones dentro de dos años. Y no es imaginable tras una campaña en que se clamó por derogar toda la obra de Gobierno de a quien ahora se le pide el voto; quizá tras unas nuevas elecciones en que se exponga ante el electorado otra actitud sí, pero no ahora.

No deberían desdeñarse, no obstante, las buenas palabras de Feijóo cuando afirmó que algún día debería superarse el enfrentamiento entre los dos grandes partidos que lleva a una política de «conmigo o contra mí». Aunque para que fuesen más creíbles estas buenas intenciones ayudaría que esa actitud se hubiese mostrado desde sus filas en cuestiones como, por ejemplo, la renovación del Consejo General del Poder Judicial.

Desde que inició su ronda de contactos Feijóo no ha avanzado un paso en su casi imposible intención de ser investido, cuando se ha quedado estancado con el apoyo insuficiente de 172 diputados. Sigue siendo más factible (tanto como insegura) la formación de una mayoría en torno al PSOE y Sumar, con apoyos que vayan del nacionalismo constitucionalista al independentismo posibilista. Aunque de este pacto circunstancial a lo sumo se puede esperar la continuidad en el Ejecutivo, evitar la aún no descartable repetición electoral y quizás un nuevo paso en el enfriamiento de los rescoldos del ‘procés’. Pero no se puede confiar en que facilite ningún tipo de reformas de las estructuras del Estado, imposibles sin la reconstrucción de puentes y acuerdos con el PP.

Para el partido socialista, arrastrar esta situación hasta la fecha del 27 de septiembre le da tiempo para amarrar una compleja negociación y le sirve para exponer durante semanas la impotencia, salvo que se demuestre lo contrario, de Feijóo. Pero eso no quiere decir necesariamente que sea bueno para el país. Si la investidura del líder del PP se demuestra imposible, no tiene sentido alargar este ‘impasse’ y prolongar más de lo imprescindible la provisionalidad en la que nos encontramos.