Pese a las cifras positivas que exhibe la economía panameña en términos de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), el país enfrenta una contradicción cada vez más evidente: el aumento del dinamismo económico no se traduce en una mejora sustancial del empleo formal. Esta disociación entre crecimiento y generación de trabajo de calidad se ha vuelto un punto crítico en el debate económico y social panameño.
En los últimos años, Panamá ha mostrado signos de recuperación económica tras los estragos provocados por la pandemia. Las cifras oficiales reportan un crecimiento económico sostenido que supera el 7% en algunos trimestres, impulsado por sectores como la logística, el comercio, la construcción y los servicios financieros. Sin embargo, este repunte no ha tenido un correlato directo en el mercado laboral formal. Por el contrario, persiste una alta proporción de empleo informal, estancamiento en la generación de nuevos puestos registrados y un aumento en el subempleo.
Uno de los elementos estructurales que justifican esta circunstancia es la elevada concentración del crecimiento en sectores que demandan mucho capital, pero no necesariamente requieren mucha mano de obra. Zonas como el canal interoceánico, los servicios bancarios y logísticos, aunque son cruciales para el desarrollo económico, no absorben una gran cantidad de trabajadores. Esto difiere de sectores como la agricultura, el comercio al por menor o el turismo, que generan más empleo pero experimentan un crecimiento mucho más lento y enfrentan condiciones de informalidad más marcadas.
Además, las nuevas modalidades laborales surgidas tras la pandemia han tenido un impacto directo en el empleo. El teletrabajo, la automatización y la terciarización de funciones han reducido la necesidad de contar con grandes plantillas de trabajadores en muchas empresas. A esto se suma el cierre o reducción de operaciones de negocios pequeños y medianos que no lograron recuperarse plenamente del periodo de restricciones sanitarias, dejando a muchos trabajadores fuera del sistema formal.
Otro elemento central es la baja calidad del empleo que se genera, muchas veces con contratos temporales, sin beneficios laborales plenos o bajo esquemas de subcontratación que no garantizan estabilidad ni seguridad social. Esta precariedad ha llevado a un aumento del trabajo informal, especialmente en zonas urbanas densamente pobladas, donde las personas se ven obligadas a generar ingresos mediante actividades por cuenta propia, sin protección legal ni acceso a servicios de seguridad social.
La situación se agrava con las brechas en educación y capacitación. Muchos de los empleos formales actuales requieren habilidades técnicas y digitales que buena parte de la población económicamente activa no posee, lo que limita su incorporación a sectores emergentes o de alta productividad. Las empresas, por su parte, reportan dificultades para encontrar trabajadores calificados, lo que crea un desajuste entre la oferta y la demanda de empleo.
Si bien existen políticas públicas orientadas a promover el empleo, como programas de inserción laboral y de apoyo a emprendedores, su alcance ha sido limitado frente a la magnitud del problema. Asimismo, la rigidez del mercado laboral y la falta de incentivos fiscales o financieros para la contratación formal siguen siendo barreras que dificultan una reactivación inclusiva del empleo.
La paradoja del crecimiento económico sin generación de empleo formal plantea un desafío de fondo para el modelo de desarrollo panameño. Es necesario replantear la estrategia de crecimiento, apostando por una diversificación productiva que incluya sectores con mayor capacidad de generar empleo sostenible, como la economía verde, la tecnología y la agroindustria. Asimismo, urge fortalecer las instituciones laborales y la fiscalización del cumplimiento de normas para reducir la informalidad.
En este contexto, la equidad social y la cohesión del tejido laboral dependen de medidas concretas que vinculen el crecimiento económico con una mejora real en las condiciones de vida de la población. El reto de Panamá no es solo seguir creciendo, sino lograr que ese crecimiento se traduzca en más y mejores oportunidades laborales para todos.

