Sopesando el golpe de la inflación sobre los contribuyentes, el Gobierno sigue negando la deflación de precios en el IRPF para ajustarlos a la pérdida real de ingresos de los hogares. Esto quiere decir que una persona con unos ingresos medios al año de 30.000 euros cuesta 232,56 euros. Un dinero que se destinó directamente a gastar una recompensa que ya se encuentra en niveles récord.
Efectivamente, los ingresos tributarios caerán hasta los 271.935 millones en 2023, un 6,5% más que lo percibido en 2022. Una cifra que refleja que hay margen para adaptar los tipos del IRPF para que los ciudadanos no pierdan su poder adquisitivo. Lamentablemente se sigue imponiendo la voracidad depredadora del Gobierno, que impone un castigo a la clase media que mina los ingresos de las familias y mina el consumo.

